FORMACIÓN: LA DEMANDA DE LO GENERAL SOBRE LO PARTICULAR

   “(…)  cuando en nuestra lengua decimos <<formación>>, nos referimos a algo más elevado y más interior, al modo de percibir que procede del conocimiento y del sentimiento de toda la vida espiritual y ética y se derrama armoniosamente sobre la sensibilidad y el carácter” - W.V. Humboldt 

            En el campo de la educación, se hace necesario definir qué es la formación y cómo esta incide en el proceso de construcción del sujeto, de ahí, que Gadamer recurre a algunos autores alemanes que han explorado el concepto de formación en el marco de las “ciencias del espíritu”, hoy denominadas ciencias humanas y a partir de allí presenta su concepto de formación. 

            A lo largo del artículo, Gadamer toca tres ideas claves para comprender la formación, siendo a su vez, la manera como se estructura el escrito; primero en la concepción alemana de formación que conduce al Bildung, segundo desde la postura de Hegel frente a la formación teórica y la formación práctica y tercero, con el papel de la memoria en la formación y el tacto como consecuencia de ser formado; de ahí, que de esta misma forma se desplegará este reporte de lectura. 

1.      La Bildung como concepción alemana de formación 

            Inicialmente Gadamer hace alusión a la falta de claridad frente al concepto de formación, planteando que se tiene la misma claridad que en el siglo XVIII y estableciendo la imperiosa necesidad de empalmar la investigación con el planteamiento filosófico que vincula el ejercicio de definir la formación y  que requiere develar el contexto histórico que lo enmarca, y que conduce a la formación natural  como producto de la “configuración producida por la naturaleza” (Gadamer, 1991, pág. 1), lo que genera distancia con la nueva concepción de éste término; ya que el autor establece un vínculo entre formación y cultura, cuando referencia a Kant y a Hegel como afines a esta idea y aclarando que Kant no emplea el termino pero si habla de la libertad del sujeto para actuar, mientras que Hegel utiliza el término “formarse” como una obligación del hombre consigo mismo. 

            A lo anterior, se suma W. von Humboldt, quien establece ya la diferencia entre cultura y formación, dándole a este ultimo término un estatus mayor, como se puede apreciar en el encabezado de este escrito y que apunta al desarrollo de capacidades; es entonces cuando se acuña la palabra alemana Bildug, mostrando mayor pertinencia y precisión en el concepto, que el latín formatio o el inglés formation, ya que Bildug orienta al sujeto a cultivarse a sí mismo y hace que “designe más el resultado de este proceso del devenir que el proceso mismo” (Gadamer, 1991, pág. 2), dado que la formación va más allá de un resultado técnico y se orienta a un proceso interior, progresivo y permanente.

             Continuando con la idea, Gadamer plantea que la formación debe ser valorada por el docente desde la reflexión de su práctica y que no se queda en el cultivo de capacidades previas de un conocimiento específico, sino que es el medio para lograr un fin mayor, el de ser empleado por el sujeto para resolver necesidades que su entorno le ofrece, pasando del uso particular, a una forma generalizada de utilizar el producto de la formación. 

2.      El punto de vista de Hegel frente a la formación teórica y la práctica  

            En el segundo aspecto a tratar, Hegel presenta la idea que la formación va más allá de la teoría, y contempla la totalidad de la racionalidad humana considerando la formación práctica como la parte que no se opone a la formación teórica, ya que “la formación teórica va más allá de lo que el hombre sabe y experimenta teóricamente” (Gadamer, 1991, p. 4) y complementa expresando que “toda formación, pasa por la constitución de interese teóricos” (Gadamer, 1991, p. 4), acogiendo la determinación esencial de la racionalidad humana en su totalidad. 

            Lo anterior conduce a que el comportamiento del sujeto deba estar mediado por la generalidad y no la particularidad, ya que si esta última predomina, evidencia lo “inculto” que puede llegar a ser, e implique que deba sacrificar lo particular frente a lo general, para que el hombre gane sentido de sí mismo gracias a la habilidad que tenga para dominarse y que lo plantea como “el sentimiento de sí ganado por la conciencia que trabaja contiene todos los momentos de lo que constituye la formación práctica: distanciamiento respecto a la inmediatez del deseo” (Gadamer, 1991, pág. 3), mostrando entonces que el trabajo requiere el aplazamiento del deseo y de sus satisfacción. 

            Sumado a lo anterior, Hegel expresa que “Reconocer en lo extraño lo propio y hacerlo familiar, es el movimiento fundamental del espíritu, cuyo ser no es sino retorno a si mismo desde el ser otro” (Gadamer, 1991, pág. 4), siendo entonces una forma de manifestar la enajenación y abandono del sujeto frente a lo general, constituyéndolo en la esencia de la formación, sin embargo para Gadamer esta afirmación no es válida, ya que considera que “reconocer la formación como elemento del espíritu, no obliga a vincularse a la filosofía hegeliana del espíritu absoluto” (Gadamer, 1991, pág. 5). 

3.      El papel de la memoria en la formación 

            Como tercer aspecto, Gadamer presenta al físico alemán Hermann von Helmholtz, quien relaciona el tacto artístico con la forma de trabajo de las ciencias humanas y plantea que la memoria  es la encargada de aprehendido gracias a la formación; es entonces cuando se define que la memoria debe ser formada, pues aunque aquello que resulta de la formación pueda ser valioso, no implica que todo deba ser conservado, ya que “retener, olvidar y recordar pertenecen a la constitución histórica del hombre y forman parte de su historia y de su formación” (Gadamer, 1991, pág. 5), tomando el olvido como la posibilidad de total renovación y ver las cosas con ojos nuevos. Es entonces cuando Helmholtz se refiere al tacto como “una determinada sensibilidad y capacidad de percepción de situaciones, así como para el comportamiento dentro de ellas” (Gadamer, 1991, pág. 6), dando un sentido que va más allá de lo ético en el trato y donde la forma de conocer y de ser se conjugan en las ciencias del espíritu, lo que le permite establecer variables que separa a nivel estético e histórico. 

            Retomando a Hegel, se destaca la apertura al otro como característica general de la formación que amplía los puntos de vista de lo particular a lo general y que son síntomas de una conciencia formada que supera a todo sentido natural que está limitado y que opera en todas las dirección con un sentido general que presenta a la formación en resonancia con el contexto histórico y en donde Helmholtz remite a fases lejanas de la historia de este concepto, lo que permite comprender mejor a las ciencias del espíritu desde la tradición de la formación, que desde el método de las ciencias modernas. 

            Consideraciones finales 

            Es importante resaltar cómo el sentido de la formación esta permeado por las ciencias humanas y va más allá del método que pueda plantear las ciencias modernas, haciendo que la formación tenga un sentido generalizado que supera lo particular y convirtiéndose en una consideración importante para la educación hoy, ya que demanda formación de sujetos que estén en capacidad de establecer el equilibrio entre lo general y lo individual, y con el suficiente tacto en el actuar, donde la memoria no sea únicamente para recodar, sino para correlacionar los acontecimientos y obrar en consecuencia, generando afinidad con la acuñada frase “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla” atribuida al filósofo estadunidense de origen español, Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana, quien realizó esta evaluación del pasado, presente y futuro como forma de direccionar la evolución de un país y sus habitantes (Castel & Serrate, 2016), siendo esto producto de la formación.

           Es  inevitable que desde mi contexto laboral no surjan cuestionamientos como: ¿Qué relación existe entre el concepto formación planteado por Gadamer y la formación técnica?, ¿Cómo la escuela trabaja para hacer de la Bildung, una realidad en los estudiantes?, ¿Cómo hacer que la memoria en la escuela, supere la barrera de la simple recordación de situaciones? 

Referencias

Castel, P., & Serrate, F. (2016). La tangibilidad de la Historia. Revista de Información científica para la Dirección en Salud. INFODIR , 2, 74-76.

Gadamer, H-G. (1993). Verdad y Método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica. Salamanca: Ediciones Sígueme, pág. 14-19

 

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