El uso de las TICs ha cobrado relevancia a nivel mundial (Díaz-Barriga, 2013) gracias a experiencia de distanciamiento social producto de la pandemia declarada a inicios del año 2020, lo que ha obligado a todos los sectores económicos y productivos, a echar mano de nuevos medios y nuevas experiencias para continuar su desarrollo.
Es por esto que en el campo educativo se genera un incremento sustancial en el uso de las TICs que han llevado a redimensionar la forma de trabajo en las instituciones educativas, tanto en la gestión administrativa como en los proceso de enseñanza-aprendizaje-evaluación que implican de forma directa la relación del docente con sus estudiantes e inevitablemente con sus familias. (Sarobe, Russo, Ahmad, La Riva, & Traverso, 2020)
El presente escrito tratará sobre la incorporación de las TICs en la educación desde la mirada de Díaz-Barriga (2013), Monsalve (s.f.) (Martínez, 2019) y (Guerra 2018) por lo que inicialmente se hablará del papel de las TICs en la mediación pedagógica, luego se identificarán algunas diferencia entre los ambientes virtuales de aprendizaje y los entorno tradicionales, continuando con la mención de los cambios que se pueden generar en la enseñanza aprendizaje a través de TICs y finalmente se enunciaran algunas condiciones para asegurar que las TICs reflejen la innovación en el ámbito educativo
Hablar de Tecnologías de la Información y la Comunicación lleva en muchos casos a asociarlo con manifestaciones tecnológicas como los equipos de cómputo, la conectividad y/o las redes de datos, conduciendo entonces al punto en que debemos concebir que las TICs son herramientas con los cuales se logra emitir, procesar y acceder al información (Ferro, C.; Martínez, A.; & Otero Neira, M. 2009).
Sumado a lo anterior, es clave darle un status claro a la información que se maneja en los procesos educativos, ya que esta no tiene sentido por sí sola, puesto que de ser así, se estarían considerando los proceso educativos en un ámbito netamente enciclopedista que nos llevaría atrás para darle prioridad al uso memorístico de una información que se espera, sea absorbida por el estudiante.
Esto nos muestra que los interese cambian y que con ellos las circunstancias en que se genera el aprendizaje, puesto que en el trascursos de los años se generan nuevas formas de aprender, lo que implica también nuevas formas de enseñar y para ello, se debe acudir a la implementación de diferentes estrategias y herramientas a las que tradicionalmente se han usado, pues que las nuevas deben atender a estas necesidades manteniendo un sentido pedagógico que responda a los desafíos educativos y que se encuentran enmarcados en los tiempos que actualmente se viven (Martínez, 2019).
Es por ello, que se hace necesario considerar que las herramientas empleadas en la transmisión de la información, deban recibir un tratamiento como el medio para lograr la enseñanza aprendizaje, y con el que el docente pueda llegar a sus estudiantes por diversos canales y surtir en ellos el efecto deseado; esto implica que como medio es importante manejarse tratarse así, para no centrarse en el instrumento como el fin último y lleve a limitar la educación al adiestramiento técnico en la operación de las herramientas.
Sin embargo, esto demanda un reto para el docente, puesto que de él depende el uso que se le de la herramienta, considerando que
el valor pedagógico y didáctico de los medios emerge del contexto
metodológico en el que se utilizan, más que de las cualidades o posibilidades
intrínsecas que tienen; es el contexto el que realmente les da un valor y deja
ver las posibilidades técnicas para lograr objetivos educativos, de tal forma
que una herramienta tecnológica puede tener una función didáctica diferente en
una u otra situación, valor que difiere de si se usa como fuente para la
enseñanza y el aprendizaje o como recurso de apoyo. (Monsalve, s.f.)
lo que muestra que el contexto el clave y la intención con la que se use la herramienta será la que le trace el uso que se le dará en el proceso formativo.
En entonces cuando la didáctica cobra un papel fundamental en la mediación pedagógica, puesto que “es necesario realizar una serie de estrategias para que el sujeto desarrolle la capacidad de identificar informaciones que sean rigurosas y realice una interacción con esa información que le permita reconstruirla en procesos internos que sólo él puede realizar” (Díaz-Barriga, 2013), ya que es en estas condiciones como realmente se logrará el aprendizaje, y que harán que el estudiante esté en condiciones de clasificar y priorizar la información que luego contextualizará y aplicará en una situación en la que cobre sentido y funcionalidad (Martínez, 2019); esto evitará que el estudiante limite la información a un proceso técnico de cortado y pegado de datos que de manera desarticulada, no conducirá al logro del aprendizaje (aprender) ni a la apropiación (aprehender) del conocimiento.
Es
posible caer en la tentación de cambiar la pizarra verde por una digital, donde
el educador seguirá controlando la información que se entrega y destinando la clase
para el desarrollo mecanográfico de tareas que antes eran manuscritas. Esto
implica que en los procesos formativos, los educadores deban explorar el manejo
de la herramienta y desarrollar habilidades suficientes para encontrarle
sentido a cada una de las posibilidades que ofrecen, a fin de encaminar acciones intencionadas que amplíen las oportunidades que da dicha herramienta, de modo que enriquezcan la estrategia proyectada y favorezcan la interacción entre las
partes involucradas.
Lo antes mencionado, abre la posibilidad de considerar secuencias didácticas que guíen el
trabajo del educador en la clase, sin embargo “para poder organizar las secuencias de aprendizaje es
importante que el profesor tenga clara la perspectiva didáctica que orienta su
quehacer” (Díaz-Barriga, 2013), y que de paso reflexione en su práctica, para
evitar que esta secuencia se convierta en un algoritmo, que de manera estática
se replique y conserve en el trascurso de los años, y en la que se tenga la
mirada desgastada de sí mismo.
En
consecuencia, esto no favorecerá la generación de ambientes de aprendizaje en los
que los estudiantes logren comprender el valor de la información, y de paso puedan
acceder a ella por diferentes medios, lo que implica un reto para el educador y
más confianza para los estudiantes al momento de proponer sus proyectos según
los intereses y necesidades, favoreciendo la interacción de estos con las actividades
de aprendizaje (Perrenoud, 1999 citado por
Díaz-Barriga, 2013) en las que además de desarrollar el objeto de estudio de manera
interactiva y cooperativa , permitirán la conformación de una comunidad de aprendizaje.
Lo anterior, permitirá que el docente renueve su práctica y se renueve a
sí mismo, ya que complementará la forma de mirar su disciplina a través de los
ojos del estudiante, y encontrará en el uso de las TICs, la forma para que se
logre la interacción, la dinámica y la articulación con los cambios que experimenta
la sociedad y la misma educación.
Ahora cuando afloran temores ante el riesgo que el uso de las TICs puedan desplazar al docente o reemplazarlo, es necesario considerar que independientemente del medio que se utilice para enseñar y/o aprender, en educación la prioridad debe centrarse en las relaciones entre personas, puesto que tanto en procesos virtuales como remotos, “La tecnología no sustituye a (los) maestros… la tecnología es la plataforma que facilita conectarlos a todos” (Guerra 2018), dado que siempre hay una persona al otro lado que bien puede ser el que enseña o el que aprende.
Es
entonces cuando la educación debe conservar su interés por atender a las
diversas dimensiones de su formación integral, ya que en palabras de Guerra
(2018) “educar implica conectar”, y aunque
el término suene tecnológico, la esencia de esta acción se encuentra en las personas
y la conexión que se dé y que se logra a través de los sentidos y la
afectividad, dándole razón a la consigan de Don Bosco que “Educar es cuestión
del Corazón”
Referencias
Díaz. Barriga, A. (2013). TIC en el trabajo del aula. Impacto en la planeación Revista Iberoamericana de Educación Superior (4) Número 10, p. 3-21. Universia, IISUE.Ferro Soto, C., Martínez Senra, A. I., & Otero Neira, M. C. (2009). Ventajas del uso de las TICs en el proceso de enseñanza-aprendizaje desde la óptica de los docentes universitarios españoles. Edutec. Revista Electrónica De Tecnología Educativa, (29), a119
Guerra, E. [TEDx talk]. (2018, 07, 27). ¿Podrá la tecnología reemplazar a los maestros? | Elisa Guerra | TEDxYouth@CVF [Archivo de video]. Recuperado de https://youtu.be/4lKbigFoMUw
Martínez, H. [24 horas.cl]. (2019, 02, 27). ¿Cómo podemos usar la tecnología para la educación? | 24 Horas TVN Chile [Archivo de video]. Recuperado de https://youtu.be/wd8wRm21QsQ
Monsalve, E. (s.f.). Aprende en línea UDEA. Obtenido de http://aprendeenlinea.udea.edu.co/boa/contenidos.php/37ee460a9aeeb820e1fe0382e682f505/1155/estilo/aHR0cDovL2FwcmVuZGVlbmxpbmVhLnVkZWEuZWR1LmNvL2VzdGlsb3Mvc3R5bGVzdGljL3N0eWxlc19USUMuY3Nz/1/contenido/
Sarobe, M., Russo, C., Ahmad, T., La Riva, D., & Traverso, P. (2020). Impacto del plan de continuidad académica en la situación de emergencia sanitaria Covid-19 de la UNNOBA. Libro de Actas XV Congreso de Tecnología en Educación y Educación en Tecnología - REDUNCI (págs. 158-167). Neuquén: Red de Universidades con Carreras en Informática.

Hola Hernando, excelente reflexión.
ResponderEliminarRealmente me gustó mucho cuando precisas que no se debe cambiar simplemente la pizarra por una digital, dado que el verdadero reto está en la innovación de los maestros.
Gracias por tu aporte y rescartar un aspecto de la reflexión.
EliminarHola Hernando me gusta el compendio de autores organizados para generar esta reflexión, sin embargo, me gustaría mucho conocer tu visión personal de este tema, mejor tus conclusiones. Un abrazo
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