En los últimos años, uno de los retos de la educación superior está encaminado a que sus estudiantes contribuyan a un cambio social a través de la formación que se les orienta; esto ha conducido a que organizaciones como la OCDE y la Comisión Europea reflexionen frente al tipo de egresado que las instituciones están entregándole a la sociedad, así como las competencias que ellos deben desarrollar para generar dicho cambio, conduciendo entonces a que las instituciones educativas consideren una formación bajo el enfoque por competencias; adicionalmente, se desarrolla un enfoque basado en capacidades, que esté centrado en el individuo y que lleve a su desenvolvimiento en un contexto más allá del laboral. Así que en este escrito se desplegarán algunas ideas planteadas por los autores, que buscan distinguir la relación entre un enfoque y otro:
1.
La
competencia como un enfoque instrumental
Surgen entonces algunas clasificaciones para las competencias en el ámbito educativo, entre ellas las específicas y genéricas, las primeras limitadas al desarrollo de conocimientos y destrezas propias del puesto del trabajo, mientras que las segundas permiten al egresado su desarrollo e interacción en la sociedad actual (Becker, 1964), por su parte Hernández Pina (2005) toma como base los cuatro pilares de la educación planteados por Delors (1996) para plantear que la educación debería formar en competencias conceptuales, procedimentales, actitudinales y socializadoras.
2.
El
desarrollo de capacidad y la prioridad por la persona
Amartya Sen como representante del
enfoque de capacidades centra su atención en la persona, en la combinación de
funciones que puede elegir, en las posibilidades reales para desenvolverse y en
los logros alcanzados a fin de que todo esto le permite valorar la vida; concepto
en el que Boni, Lozano, Walker (2010) dan a las decisiones un carácter
informado.
Nussbaum plantea que a diferencia de
las competencias, las capacidades van más allá de lo instrumental ya que hace
que la persona tenga opción de elegir según sus libertades y oportunidades, lo
que complementa las habilidades con que cuenta y el entorno en que se
desenvuelva, dando una connotación de ciudadano, a la vez que cuestiona sobre
las capacidades que la sociedad debe promover y las que espera del egresado.
En este aspecto Nusbaum (2012) propone que el
estudiante desarrolle la razón práctica
y el pensamiento crítico en torno a sus opciones vitales y laborales, ya que en
estos contextos no es suficiente la habilidad instrumental y el aprendizaje
técnico, a pesar de ser priorizados por la escuela, cuando también debería
asegurar la formación de buenos ciudadanos a partir de capacidades como la
vida, su cuidado físico y emocional, la afiliación con sus pares y otras
especies, y el control del entorno a nivel político y material.
Adicionalmente, Walker considera que las capacidades deben ser promovidas específicamente en la educación superior y que conducen que los estudiantes adquieran los conocimientos, habilidades y herramientas importantes para ellos, considerando la razón práctica para tomas decisiones, la resiliencia para adaptarse y perseverar, el conocimiento e imaginación para emplear el saber disciplinar y el pensamiento crítico y la integridad emocional y corporal, ya que todas estas permitirán a los estudiante la generación de una mejor forma de vida social y que la que existe actualmente.
3.
En
conclusión
A partir de todo lo anterior, se puede
concluir que la competencia no es un medio para alcanzar un fin, sino que es el
fin que se quiere alcanzar, ya que desde este punto de vista se aplica el saber
proporcionado por la disciplina por
medio del desarrollo de habilidades y el uso de herramientas que responden a una
tarea productiva, requiriendo que se le proporcione al estudiante la
posibilidad de desarrollarse de manera autónoma con las condiciones para
reflexionar sobre su rol en los diferentes contextos y haciendo que se
complementen los dos enfoques, reto en el que la institución debe contribuir
desde un currículo que contemple estos dos enfoques.
Queda pendiente lograr una
definición consensuada de competencia, detallar estrategias que permitan la
implementación a través de prácticas pedagógicas e implementar la clasificación
de las competencias planteadas de tal manera que se contribuya a la formación
de un ciudadano consciente, responsable y eficiente.
Referencia
Becker, G. S. (1964). Human Capital: A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education. Chicago: University of Chicago.
Boni, A., Lozano, J.F. y Walker, M., (2010) “La Educación Superior desde el Enfoque de Capacidades”. Una propuesta para el Debate. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, nº 13 (3), pp- 123-131.
Delors, J. (1996.): “Los cuatro pilares de la educación” en La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI, Madrid, España: Santillana/UNESCO. pp. 91-103.
Escrich Gallardo, E., Lozano Aguilar, F., García Aracil, A. (2013) Competencias Vs. Capacidades: ¿Enfoques complementarios o excluyentes? Documento de trabajo.
González y Ortíz, Francisco Xavier. (2008). BARNETT, RONALD. Los límites de la competencia: El conocimiento, la educación superior y la sociedad. Investigación bibliotecológica, 22(46), 229-235. Recuperado en 30 de abril de 2019, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-358X2008000300011&lng=es&tlng=es.
Hernández Pina, F., Martínez Clares, P., Pedro, S.L. (2005). Aprendizaje, competencias y rendimiento en Educación Superior. Madrid, La Muralla.
Nussbaum, M, (2012) “Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano”, Paidós, Barcelona.

Muy completa su aportación. En el contexto actual de pandemia y el futuro postpandemia que sin duda modificará el entorno social sobre el que esperamos que nuestros estudiantes incidan ¿qué competencias consideras deberan ser prioritarias a desarrollar en su formación educativia?
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