FORMACIÓN INTEGRAL, EDUCACIÓN EN LA VIDA, PARA LA VIDA

“Definir lo humano como susceptible de formación y calificar esta forma como integral, sitúa a la educación ante su principal reto: saberse posibilitadora del proyecto de humanidad” (Campo V, 1999, pág. 4), es esta frase la que confronta a la escuela frente a su responsabilidad con los individuos, de ahí, que encabece este reporte de lectura, que como el texto fuente, esta estructurado en tres partes, considerando la formación integral desde lo humano, desde la escuela y desde la práctica educativa, tal como se presenta a continuación:

 

1. La formación integral desde lo humano.

 

Como primer aspecto a considerar en este reporte de lectura, esta el ser en desarrollo como fundamento de la formación, que plantea  que es ser humano es un ser inacabado, siendo esta una como una de las características de su condición humana, lo que implica que necesariamente debe asumir la tarea de hacerse para sí mismo y de sí mismo, y que representar mantenerse en continua formación; es por esto que debe asumirse como un proyecto que para funcionar, debe ser lazado hacia adelante “para intervenir en el mundo y al hacerlo, irse configurando en lo que puede ser como posible” (Campo V, 1999, pág. 6), tomando un carácter transformador de su entorno para mejorar sus condiciones de vida y superar sus necesidades con actos productivo, siendo esta una evidencia que el hombre se forma para la vida.

 

Lo anterior requiere de una representación verbal que el hombre logra a través del desarrollo de su intelecto y que le permite detectar a través de la exploración en las dimensiones que le mundo le ofrece, el sentido para tomar una posición personal y desde allí, intervenir como agente activo (actor) para configurar al mundo a través de la sociedad y la cultura que al igual que el hombre, son inacabadas y se forman mutuamente a través de diferentes puntos de vista para abrirse a sí mismo y al otro.

 

Es importante comprender que la formación va mas allá del cultivo de las competencias que eliminan la ignorancia, puesto que esta formación no es sólo intelectual, sino que permea el comportamiento que hace que el hombre se integre con otros y valore lo que estos pueden aportar a su formación ya que “la formación supone la responsabilidad no sólo por él mismo, sino por los otros y por el mundo que vamos construyendo en comunidad” (Campo V, 1999, pág. 12)  y representa parte del sentido de lo humano en permanente construcción, y donde la formación alcanzada no desaparece, sino que se guarda, siendo en la vida donde logra esta formación.

 

2. Formación integral desde la educación.

 

La función de la educación es la de conducir al educando a un estado en el que “aflore” lo mejor de sí, algo que se logra cuando los procesos educativos se permean de valor formativo, en un contexto social que construya al ser de la persona en la creación de un mundo con sentido en el que se desarrolle el proyecto de humanidad en el que nos desenvolvemos.

 

Sabeos que el educando es la razón de ser de la educación y el educador es su guía en este proceso, asumiéndolo como un ser humano nuevo y en construcción, con características propias que lo hacen único y que le permiten acceder a un mundo siempre cambiante, “buscando conservar a la persona frente al mundo y al mundo frente a la persona” (Campo V, 1999, pág. 12), para que viva la realidad desde lo que enfrenta y desarrolle nuevas formas de actuar en consonancia con lo vivido y lo aprendido.

 

La educación integral asume al individuo en su integridad desde sus diferentes dimensiones, sin que esto implique segmentarlo, sin que permita comprenderlo en su totalidad, para darle herramientas para aprender a aprender y no limitar el aprendizaje a la transmisión de información, sino que promueva un aprendizaje autónomo a través de procesos encaminados a la formación de la persona.

 

Es entonces cuando los valores de de la formación integral toman forma desde la autonomía antes mencionada que hace al individuo gestor y administrador de su propia libertad a fin de definir y establecer las relaciones con los demás asumiendo con responsabilidad las consecuencias de sus actos, con la trascendencia que le permita asumirse como un ser finito que le da significado a su relación con el otro y desde allí al encuentro consigo mismo, a fin de actuar con justicia para hacer posible la convivencia social y el respeto por la diversidad, desplegando en acciones solidarias su actuar a favor de los demás.

 

3. La formación integral desde las prácticas docentes.

 

El sistema educativo asume el reto de la formación integral, tal como lo plantea la frase que encabeza este reporte, lo que lleva al educador a reflexionar sobre su práctica educativa que encamine al educando hacia la formación de la persona que representa y donde las prácticas educativas deben estar enfocadas al desarrollo del ser como persona.

 

Es claro que en la educación, se respondan preguntas de qué enseñar, sin embargo es mejor apuntar a definir para que enseñar y como enseñar, ya que esto nos permite definir unos modos de acción que aseguren una práctica efectiva para que la formación orientada sea integral.

 

El primer modo de acción es la autoreflexión, que desde el conocimiento de sí mismo, el estudiante pueda interrogarse sobre su desarrollo y la forma como atiende a las necesidades que identifica en el mundo en que se desenvuelve; el segundo modo de acción es el valor formativo que se le dé a cualquier actividad que se desarrolle en la escuela, a fin de traducir los conocimientos y experiencias en proceso que puedan ser aprendidos por otros, conjugando diversos componentes de los procesos educativos y orientando los cominos que conduzcan a un futuro posible.

 

El tercer modo de acción está definido por las interrelaciones entre educador y educando como perdonas en formación, de tal manera que la guía que se oriente, este marcada por el acompañamiento en el recorrido a realizar y donde ambos continúa su formación, dado que “el profesor que es un <verdadero maestro>, al enseñar siempre se muestra, se expone, se hace testimonio vivo de lo que quiere mostrar” (Campo V, 1999, pág. 29), siendo consecuente entre su práctica de vida y la vida que forma en el estudiante y permitiéndole “ser lo que es, preocupándose por él, impulsándolo y exigiéndole dar lo mejor de sí mismo” (Campo V, 1999, pág. 29)

 

Consideraciones finales.

 

Es entonces cuando se concluye que la formación integral como proceso, implica el compromiso de la escuela, valorando al estudiante y al educador como personas que desde sus dimensiones construye sociedad, la transforma y la vive, es entonces cuando surge la pregunta ¿Qué hacer para que la formación integral sea evaluada en la escuela, sin que segmente o limite al estudiante?

 

Bibliografía

Campo V, R. y Restrepo J, M. (1999). Formación integral. Modalidad de educación posibilidatora de lo humano. Santafé de Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana.

Gadamer, H.-G. (1991). Conceptos Básicos del humanismo. En H.-G. Gadamer, Verdad y Método. Salamanca: Sígueme.

 

 

Comentarios

  1. Interesante aproximación a la formación integral. En este abordaje que pone al centro al educando buscando conseguir que aflore lo mejor de sí, considero que se da por hecho que el educador sabe y está dispuesto a realizar en sí mismo el proceso que quiere suscitar en sus alumnos. En tu experiencia ¿qué tan frecuente y factible es que esto suceda?

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