“La formación del profesorado debe basarse más en ella (la práctica educativa), la teorización sobre la educación debe hacerse más relevante con respecto a ella y los formadores de profesores deben tener más experiencia de la misma” - Wilfred Carr
Estas palabras de
Wilfred Carr, iluminan la necesidad de analizar la práctica educativa desde su
fundamento y su quehacer, como punto de partida y puesta en marcha de la labor
docente, conduciendo a la reflexión sobre la responsabilidad que implica y los
resultados esperados por los que se desarrolla dicha práctica. Es difícil
concebir el proceso formativo, sin abordar la práctica educativa desde su
sentido, su intención y su ejecución, ya que el resultado de ésta se ve
reflejado en aprendizaje como fin principal de la educación, que permita
garantizar lo que los estudiantes deben saber y la forma como pueden aplicarlo
en su vida.
Carr en su interés por explicar en qué consiste la Práctica educativa, despliega su análisis en cinco aspectos fundamentales, primero el significado de práctica educativa, luego la relación entre práctica y teoría, sigue una contextualización histórica de la práctica, continúa con la diferencia entre práctica y técnica y finaliza puntualizando en algunas aproximaciones de la respuesta a la pregunta planteada al inicio del capítulo y proporcionando en dicho análisis, un amplio contexto de esta práctica, que conduce a la reflexión sobre ella desde un quehacer propio.
Para asumir la
práctica educativa, es posible apoyarse en la “teoría de la educación” como una forma de interrelación entre dos
campos que si bien apunta a lograr efectividad en el proceso de formación,
establecen vínculos que los unen y los separan, cuando Carr plantea que “a pesar de nuestras mejores intenciones, el
‘distanciamiento’ entre la teoría y la práctica seguiría obstinadamente
presente”
Es probable que para analizar la relación entre la práctica educativa y la teoría de la educación, haya que explorar la relación inicial entre teoría y práctica, para aclara las confusiones que pueden presentarse, dado que si se enmarcan en el contexto, la teoría es independiente y genérica, mientras que la práctica es dependiente y particular a las situaciones, razón por la cual, expresa que: “la ‘teoría’ trata de ideas abstractas, la ‘práctica’ de realidades concretas” (p. 88) y describe como cada una puede ser independiente, si se analiza desde el resultado de cada una de ellas o el proceso que implica ejecutar cada una; sin embargo, también Carr plantea puntos en común a partir de argumentos filosóficos del carácter de los esquemas conceptuales que refieren que “toda practica presupone un conjunto más o menos coherente de supuestos y creencias, en esa misma medida, siempre está orientada por un marco teórico” (p. 89).
La vida social emplea los conceptos y les da sentido desde su uso, haciendo que su vínculo sea estrecho tanto en sus cambios como en su sentido que conduce a un diálogo entre las dos estructuras, lo que implica enmarcarlo en una acción estrictamente humana que reafirma las posibilidades evolutivas del concepto y de su aplicación; en este caso es el resultado de un proceso histórico que invita a responder “¿en qué consiste una práctica educativa?” que analizada desde cuatro aspectos: la identificación de sus orígenes, la transición en un marco cultural, la relación con su origen y el análisis de los cambios que ha experimentado, proporciona las herramientas para evaluar críticamente el concepto y reformular la pregunta anteriormente planteada, según los referentes que resulten del análisis.
En mi caso específico, es predecible considerar que la distinción más importante que requiere la práctica, no es con la teoría, sino con la técnica, dado el contexto laboral en que me desenvuelvo, y donde Carr retoma a Aristóteles y la denominación del conocimiento técnico “techne” y que está directamente asociado a la “poiesis” que apunta a la materialización de productos tangibles a través de un conjunto de normas o procedimientos (p. 95), lo que difiere de la práctica educativa, ya que no está determinadas por formulas que tracen una ruta a seguir, sino que son producto de la reflexión, el contexto y el beneficio moral que se busque alcanzar y que esta enmarcado dentro da las actividades éticas y políticas como forma de práctica, donde también está involucrada la educación (p. 96) y que contribuye a delimitar la “práctica educativa” más allá de las destrezas técnicas que se transforman y enriquecen por la intervención de las fuerzas humanas (pág. 86) tal como lo expresa la introducción del capítulo.
En conclusión y aunque no es fácil indicar en que consiste una práctica educativa, si es claro que es una “acción no material” (p.102) que esta direccionada por criterios éticos que pueden ajustarse a las necesidades del contexto que va más allá del conocimiento instrumental; sin embargo surgen preguntas como: ¿Cuál es la mejor forma de llevar a cabo una verdadera practica educativa? ¿Qué tan honesta es la práctica educativa en nuestro quehacer como educadores?, es seguro que en el transcurso de este seminario, lograremos responder las inquietudes y desarrollar una práctica educativa que responda a las necesidades del contexto y de las situaciones que llegue a contener.
Referencias
Carr, W (1999). Una teoría para la educación. Hacia una investigación educativa crítica. Capítulo IV ¿En qué consiste una práctica educativa? Madrid, Ediciones Morata.
Ministerio de Educación
Nacional. (5 de Febrero de 2018). Altablero. Enseñar para la vida.
Colombia. Obtenido de https://www.mineducacion.gov.co/1621/article-87610.html

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